Luis Miguel Suaza Santa

A Félix lo acusaban de ser malo. Quería hacer muchas cosas, el problema era que la gente le tenía miedo porque solo salía de noche, siempre se vestía de negro y además era un poco feo.

Los niños habían estado investigando sobre el comportamiento de Félix y descubrieron que detrás del castillo había una huerta. Allí comía frutas todas las noches, esa era su cena. Después de un tiempo de estarlo observando, entraron al castillo a buscarlo. Iluminaron todo con velas y se quedaron en silencio mientras él entraba en confianza y aparecía. Salió de su cueva y les voló muy cerca. Los niños se quedaron quietos; apenas se estaban conociendo.

Jugaron por varias horas a que Félix los despeinaba y los niños trataban de ubicarlo en las sombras; no vieron que se estaban acabando las velas. Cuando el castillo quedó a oscuras los niños empezaron a gritar.

Félix entró en pánico porque la gente del pueblo iba a pensar que él los estaba atacando y vendrían a matarlo. Se desmayó. Al verlo tan indefenso, los niños se calmaron y aprovecharon para seguir investigando dentro del castillo.

Encontraron los álbumes familiares. En ellos había fotos de él saltando entre flores, comiendo frutas y dispersando semillas desde el aire en un bosque. En una foto estaba sonriendo y tenía todo el cuerpo cubierto de granos de polen.

Esa noche los niños decidieron ir a las escuelas y a los parques para explicar que Félix era inofensivo y muy divertido, y que no chupaba sangre, como decían, sino que comía vegetales.

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