Yisenia Franco Cárdenas.

Basado en los cuentos Alí Babá y los cuarenta ladrones
y Aladino y la lámpara maravillosa, del libro Las mil y una noches.

Andrea salió a jugar con su hermano Juan José. Mientras corrían por el patio de atrás, vieron que unos hombres que se acababan de robar algo en el pueblo estaban pronunciando unas palabrillas frente a una pared:

“Patas de cabra, que a la cuenta de tres el sésamo se abra: uno, dos, tres”.

Los bandidos se metieron en la pared y desaparecieron. En la pared había un portal secreto.

Andrea y Juan José caminaron hasta la pared y repitieron las mismas palabrillas. El portal se abrió de nuevo. Cuando entraron, vieron unas escaleras en espiral. Bajaron miles de escalones, cogidos de la mano, sin saber lo que encontrarían y sin saber si podrían regresar a salvo. Después de dos días, encontraron dos portales más, pero las palabrillas que habían utilizado para abrir el primero no les funcionaron. Entonces escucharon una voz con eco que decía:

“Mis niños, estos portales se abren según sean los deseos del corazón. Si son buenos, se abre un portal que alberga riquezas y esperanzas; si son malos, se abre otro que alberga la justicia. Para abrir estos portales basta con tocarlos”.

Entonces extendieron sus manos y uno de los portales se abrió. De él salía una luz muy brillante que los invitaba a entrar. Adentro había un tesoro custodiado por un genio.

— Hola, soy el genio de los portales y desde ahora ustedes son mis dueños. Les concederé todos los deseos de sus corazones.

Los niños, muy emocionados, le pidieron que construyera casas para las personas pobres, orfanatos para los niños abandonados, hospitales y muchas escuelas y parques. También le pidieron al genio que los bandidos nunca pudieran entrar al portal que guarda las riquezas y esperanzas de su pueblo.

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